No sé que me pasa. No quiero
querer a nadie, pero quiero tan desesperadamente que me quieran que ahora
quiero querer a alguien. No quiero que me quieran de cualquier manera. Quiero que
me quieran como quieren en los libros que leo todo el tiempo, pero no quiero
querer a nadie que no me quiera también y luego estas tú.
No quiero querer a
nadie, pero no puedo evitar desearte o fingir que te necesito, ¿por qué estoy fingiendo
verdad?
Porque no pude ser
verdad que quiera que me pases el brazo por los hombros y que me prestes tu
cuello para esconderme del mundo, no puede ser verdad que desee tan desesperadamente pasar las manos por
tu cabello y sentir tu risa en mis oídos, porque no lo necesito, no lo
necesito, no tengo razón alguna para necesitarlo, aunque cada vez que me sonrías
tenga ganas de quedarme a tu lado todo el resto del día.
Llevo tanto tiempo preguntándome
esto. Exactamente desde ese día en que nos cruzamos, intercambiamos comentarios
sobre algún tema que ahora carece de importancia y tú apartaste un mechón de
cabello de mi rostro y luego dijiste nerviosamente
--Es que estabas despeinada- y yo, no sabiendo
como actuar, me encogí de hombros y dije – igual, no me peine hoy día-- y luego
te fuiste con una sonrisa nerviosa murmurando algo parecido a – yo a veces
tampoco me peino.
Ahí empezó todo, ahí
empezó a importarme lo que hacías, de que te reías y preguntarme si algún día
tú me querrás de la forma en que tanto quiero que me quieran.
Ari...



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